RESUMEN
En este artículo se presentan nuevos datos de sitios arqueológicos en los Estados Lara y Falcón, noroccidente de Venezuela. Sobre los antecedentes y las investigaciones de sitios paleoindios en la región, los nuevos datos y la “escasa” información paleoambiental se establecen las bases para empezar a entender los sistemas adaptativos regionales de los grupos de cazadores- recolectores. También se definen los tipos de sitios según la funcionalidad y su relación con el tiempo de uso posible y se resalta el uso de los sitios con base en materiales de superficie, que sirven para establecer la información distribucional y su relación con el espacio que ocuparon los grupos humanos.
1. ANTECEDENTES
Las investigaciones sobre sitios arqueológicos de cazadores recolectores tempranos en Venezuela fueron iniciadas por J.M. Cruxent en el Estado Falcón a principios de los años 50. Estas permitieron desarrollar una secuencia evolutiva tentativa sobre los tipos de materiales clasificados y su relación con las terrazas fluviales del río Pedregal, postulando el complejo El jobo y sus cuatros estadios: Camare, Las Lagunas, El Jobo y Las Casitas (Cruxent y Rouse 1961; Rousey Cruxent 1963a, 1963b; Cruxent 1971).
Esta secuencia fue explicada como un proceso evolutivo tecnológico regional, desde choppers y grandes de bifaces (Camare); luego se desarrollarían las puntas lanceoladas y se reducirían algunos artefactos del estadio anterior (Las Lagunas), y en el siguiente estadio aparecerían las puntas bífaciales de sección bi-lenticular y una variedad de artefactos especializados a los que se sumarían las puntas triangulares con pedúnculo en la cuarta terraza (las Casitas) (Cruxent y Rouse 1961; Cruxent 1972; Oliver y Alexander 1991). Estas investigaciones se continuaron en el norte de Falcón, en Muaco, Taima-Taima y Cucuruchú, en donde Cruxent localizó puntas de proyectil del tipo El Jobo asociadas a Mastodontes, obteniendo fechas de 14.000-16.000 años AP para la asociación de Muaco (Cruxent y Rouse 1 961; Rouse y Cruxent 1 963a; Bryan y Gruhn 1978). Taima-Taima fue trabajado por Cruxent desde 1.969, quien luego de obtener algunos litos de “fortuna”, expeditivos halló un fragmento de punta joboide en la cavidad pélvica de un mastodonte (Cruxent 1.967; Cruxent y Ochsennius 1978). Bryan, Ghrun, Casamiquela, Ochsennius y Cruxent continuaron en 1.974 las excavaciones en el sitio, obteniendo amplia información de las actividades humanas. Un fragmento de punta joboide y otros artefactos, huellas de corte y otros trazos en los huesos de un mastodonte joven, se asocian de manera clara y contundente a un episodio que ocurrió hace unos 14000 años (Bryan et al. 1.978; Bryan 1.983; Gruhn 1.978).
Las diferencias ambientales y culturales descritas para varias localidades de Suramérica, con fechas entre 14.000 y 10.000 años AP, permitieron plantear (Bryan 1.973) desarrollos locales diferenciados como producto de un proceso de ocupación anterior y lento de nuevos territorios, por parte de grupos que estarían equipados de un arsenal flexible y sencillo, permitiéndoles adaptarse posteriormente a particularidades ambientales y desarrollando variables “culturales” locales (diferentes tipos de puntas de proyectil, entre otros artefactos).
2. INTRODUCCIÓN
Considerando los antecedentes en la investigación de cazadores-recolectores tempranos en Falcón y sus implicaciones en el contexto suramericano, incluyendo las explicaciones sobre las relaciones entre el ser humano y su entorno social y ambiental (Binford 1968, 1980, 1988, 1989; Clarke 1972; Hodder 1988; Vargas 1991), trataré desde otra perspectiva abordar la problemática arqueológica de la región noroccidental de Venezuela.
Desde 1.989 comencé a llevar a cabo el proyecto de investigaciones “Cazadores y recolectores tempranos en el Estado Lara” con la finalidad de obtener información a cerca de la relación entre los grupos humanos y los procesos de adaptación que se sucedieron a finales del Pleistoceno y Holoceno temprano-medio, a partir de los patrones de asentamiento, movilidad y subsistencia de los grupos humanos que poblaron la región. Tomé como unidad geográfica toda la región que comprende el noroccidente de Venezuela (Falcón, Lara, Trujillo y Yaracuy) para tratar de entender la problemática a nivel regional. En este trabajo describiré los sitios recientemente trabajados y reportados, así como sus componentes arqueológicos, y estableceré sus posibles relaciones como aproximación a un modelo explicativo de sus ubicaciones con respecto al medio, los recursos potenciales de este y así acercarnos a los sistemas de asentamiento de los antiguos grupos que ocuparon la región. Consideraré las zonas ambientales actuales como producto de sus desarrollos desde el Pleistoceno final dentro de la hipótesis paleo-ecológica desarrollada por Ochsennius (1978, 1980) para la región norte de Falcón y sus posibles influencias hacia el sur. También tomaré en consideración los elementos faunísticos extintos hallados en diferentes localidades arqueológicas y paleontológicas para tratar de entender las relaciones Pleistoceno-Holoceno-ambiente-fauna-seres humanos, así como los conjuntos faunísticos sobrevivientes a la extinción y productos vegetales silvestres como recursos potencialmente, dado que la región disponía de amplios recursos faunístícos para finales del Holoceno y que fueron ampliamente explotados por grupos cazadores-recolectores y agricultores hasta mucho después del momento del contacto europeo.
Dada la carencia de datos precisos sobre información palinológica y paleomacrobotánica (Schubert 1.988) sólo hablaré de las matrices sedimentarias portadoras de fauna extinta y de la geomorfología general que se observa en la evolución del paisaje como base para estudios más complejos y precisos sobre el paleoambiente de la región. En ese sentido, trataré de explicar la presencia en superficie y aflorando de puntas lanceoladas acanaladas (tipo lago Madden) junto con puntas cola de pescado y joboides en el norte de la subregión de Falcón, así como la presencia de puntas cola de pescado y joboides en dos localidades superficiales en la subregión del Estado Lara. Este trabajo fue elaborado con la intención de ordenar el cuerpo de datos obtenidos en la región y buscar explicaciones generales y no definitivas de lo que pudo estar sucediendo durante la transición
Pleistoceno-Holoceno en el noroccidente de Venezuela. De ninguna manera es mi ¡ntención crear un modelo a priori sobre el problema referido, puesto que estoy plenamente conciente de las limitaciones de los datos y, por ende, de mis interpretaciones.
3. LAS PROVINCIAS BIOCLIMÁTICAS DE LA REGIÓN NOROCCIDENTAL DE VENEZUELA.
Aquí sólo describiré de manera muy general los contextos bioclimáticos de las subregiones Falcón y Lara (Perfil 1). Estas subregiones presentan tres provincias climáticas principales: (a) la provincia semiárida en Falcón E septentrional y en las regiones deprimidas de Lara; (b) la Provincia húmeda a muy húmeda en las sierras más altas de las subregiones; y (C ) la provincia subhúmeda con una estación seca bien marcada en el resto de las subregiones (Coplanarh 1975)
3.1 EL MEDIO SEMIÁRIDO
Estas condiciones afectan a más deI 50% de la región y se caracteriza por déficit hídrico durante gran parte del año. La evapotranspiración potencial es 2 a 8 veces superior a las precipitaciones; la pluviosidad es muy baja, con precipitaciones promedio de 400 a 600 mm. anuales. La cobertura vegetal es de tipo xerofítico macro-térmica constituida por bosque muy seco tropical, monte espinoso tropical y monte espinoso pre-montano. Estos son bosques ralos y bajos de espinales y cardonales. El sotobosque está representado por cactáceas y bromeliáceas.
3.2 EL MEDIO TROPICAL HÚMEDO
Las condiciones tropicales húmedas afectan el 10% de la región. La estación seca no está bien marcada. Las precipitaciones medias anuales son superiores a 1.500 m.m. y bien repartidas en todo el año. La cobertura vegetal es de tipo selva veranera siempre verde o selva nublada en las partes altas, por encima de los 800 m.s.n.m. y esta constituida por bosques húmedos tropicales, húmedos premontanos, húmedos montanos bajos, muy húmedos premontanos bajos y muy húmedos montanos.
3.3 EL MEDIO TROPICAL SECO
El medio tropical seco cubre, aproximadamente, el 40% de la región. Está caracterizado por una o dos estaciones secas de 4 a 6 meses. Las precipitaciones son muy marcadas, entre 608 mm a 1200 mm anuales. La cobertura vegetal común es la selva veranera decidua a semidecidua y está constituída por bosques seco tropical y seco premontano, esto es, arbustos espinosos de poca densidad, auncuando a veces la vegetación es de sabana con gramíneas, chaparros y mantecos. Este medio es una transición entre los medios semiáridos y tropical húmedo. Estas características parecen ser producto del proceso de sequedad y aridez que comenzó a afectar el norte con mayor incidencia desde el Pleistoceno final (Ochsennius 1.978, 1.980), disminuyendo en Lara, hacia el sur de la región.
4. OBSERVACIONES GEOMORFOLÓGICAS,
SEDIMENTOLÓGICAS, PALEOMACROBOTÁNICAS,
PALEONTOLÓGICAS E HISTÓRICAS PARA UNA
APROXIMACIÓN PALEO-AMBIENTAL
La región noroccidental de Venezuela presenta pisos altitud males desde el nivel del mar, en la costa, hasta los 2000 msnm en la sierra de San Luis, en el área meridional, y en las estribaciones de los Andes, al sur de la región. Para esta región de Venezuela se han obtenido escasos datos que aclaren el comportamiento paleo-climático durante el máximo glacial (18.000-14.000 años AP) y principios del Holoceno (10.000-7.000 años AP). Las pocas interpretaciones se basan en análisis geomorfológicos generales, sedimentológicos, paleontológicos, macropaleobotánicos y transpolaciones térmicas basadas en las temperaturas actuales de la superficie del mar Caribe (Coplanarh 1975; Ochsenius 1978, 1980; Shubert 1988).
Con respecto a estudios sedimentológicos puede decirse que la vecina cuenca del lago de Maracaibo durante el máximo glacial se mantenía cerrada, sin conexión con el mar Caribe, y es durante un período de humedad que se abre paso hacia el golfo de Venezuela (Sarmiento y Kirby 1962; Graf 1969; ambos en Schubert 1988). De la misma forma, la subregión norte estuvo bajo condiciones de humedad algo mayor que la actual, con temperaturas de 2° a 3° menos que las que se registran hoy en día (28°-38°) en las zonas bajas, mientras que fueron del orden de 6° menos en las zonas altas, en las que actualmente se registran temperaturas de 1 6° a 28°. Sin embargo, pocos datos sustentan esta posición (Schubert 1 988).
Por otro lado, las observaciones generales sobre la geomorfología y sedimentología de los componentes de las terrazas fluviales y aluvionales de los principales ríos de la región (Mitare y Pedregal en Falcón; Baragua, Tocuyo,
Diquiva y Curarigua en Lara) parecen indicar que en su interior ocurrieron episodios bruscos de precipitación. Estas produjeron amplias acumulaciones de clastos subtriangulares y poco redondeados en las márgenes de los cursos y se intercalan con sedimentos arcillosos de origen fluvial, sucesos típicos en condiciones de sequía con fuertes precipitaciones esporádicas que producen tales acumulaciones de clastos en un corto momento; luego sobre estos se depositan sedimentos y gravas menores, respondiendo a episodios diferentes, tal como ocurre actualmente (Coplanarh 1975; Vivas 1992). Estos sucesos debieron ocurrir durante la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno, pero la falta de fechamientos no permite ubicarlos con exactitud.
Los conjuntos fósiles encontrados en los acuíferos semi-constantes de Muaco (16.000 años AP) y Taima-Taima (14.000 años AP) han permitido plantear que la localización de especies con etologías competitivas, compartiendo los mismos puntos de agua, sería consecuencia de un proceso de aridez y sequía muy marcado hacia finales del Pleistoceno. La presencia de plantas espinosas (Prosopis, Caesalpinia o Cercidium) en los cortes estratigráficos de esos sitios parece apoyar la idea de un xeromorfismo vegetal muy parecido al actual, que es capaz de adaptarse a la escasez hídrica (Ochsenius 1.978, 1.980).
De la misma forma, siguiendo a Ochsenius, es posible creer que los conjuntos faunísticos hayan comenzado a vivir bajo fuertes condiciones de aridez y sequía durante los finales del Pleistoceno, considerando las especies espinosas encontradas en Muaco y Taima-Taima, así como las amplias acumulaciones eólicas del Pleistoceno y Holoceno en la costa de Falcón. La ausencia tQtal de vestigios de bosques de galería en los planos aluvionales de la región y de suelos acordes con climas húmedos pueden ser factores que apoyarían el avance considerable de un xeromorfismo neoendémico y sequedad en la costa norte que pudo ejercer influencia sobre el sur en la región en las postrimerias del Pleistoceno (Ochsenius 1 978, 1 980).
Por otro lado, la presencia de mastodontes (Haplomastodon gua yanensis y Stegomastodon sp.), megaterio (Eremotherium rusconhl y Eremotheriuri elenensis), gliptodontes (Gliptodon sp. y Pampatheríum), macrauquenia (Macrauchenia patachonica), toxodontes (Toxodon platensis), paleolama (Paleolama cf. aequator!alis), venado (Odocoileus salinae), chigüiro (Neocherus sirasakae) y caballo (Hippidion sp.) en diversas localidades de la región (paleolagunas, perfiles de quebradas y manantiales resurgentes) podrían ser indicadores de un amplio desarrollo de medios de sabanas de pastizales y bosques de galería en las partes bajas (de O a 600 msnm, aproximadamente), con relativa abundancia de agua, en las cuencas hidrográficas y lagunas o depósitos intermitentes de agua (Ochsenius 1980; Boquentin 1982). En las zonas altas montañosas (1 000 a 1 500 msnm, aproximadamente) algunos elementos faunísticos subieron aprovechando la vegetación baja de pastizales y puntos de agua (cuencos que se forman entre las laderas de los cerros) y lagunas alimentados por las escorrentías y drenajes de las montañas, producto de las lluvias. Sin embargo, considerando que muchas de las especies animales pudieron tener conductas adaptativas generalizadas, ocupando y explotando diversos nichos y altitudes, y teniendo en cuenta su amplia dispersión en el continente, se ha indicado que hay que tener precaución al utilizarlas como indicadores para la interpretación paleoclimática (Martin 1986).
En la subregión meridional del Estado Lara es conocida la presencia de elementos faunísticos extintos en la depresión de Quíbor (1 500 kmts2, aproxiamadamerite), en la de Carora (1200 kmts2, aproximadamente), así como en el área de Barquisimeto (80 kmts2, aproximadamente). Al sur, sobre las serranías de Portuguesa y Barbacoas, en las estribaciones finales de los Andes, el relieve permitió la acumulación de agua en lagunas que se alimentan de las escorrentías laterales en El Vano y La Hundición, en donde se han localizado restos de dos especies de megaterios, Eremotherium rusconii en El Vano y Eremotherium elenensis en La Hundición (Linares 1 990). En el área de Barbacoas también se han reportado restos de gliptodonte, mastodonte y toxodonte (Vargas 1836; Nectario 1944).
En los perfiles de las quebradas que cortan las depresiones de Carora y Quíbor se observan grandes bloques sedimentarios de origen aluvial y lacustre, así como conjuntos de gravas finas con una gravometría de hasta 2 cms3 intercalados en algunos sectores de los limos arcillosos amarillento-grisáceos portadores de los restos óseos; estas gravas se presentan desde la base de las quebradas hasta 4 mts en algunos casos. Encima de ellas se encuentra dispuesta una densa capa arcillosa de color pardo con un espesor de 5 metros. La capa de suelo negro sobreyacente puede medir hasta 2 metros, configurando gran parte de la superficie actual no erosionada. Estas extensas depresiones fueron formadas por lagunas y escorrentías alimentadas desde las montañas situadas al sur, conformando un paisaje de sabanas; esta conformación se deduce de los sedimentos limo-arcillosos y de los restos óseos que contienen: caballo, megaterio, mastodontes, gliptodontes, pampaterio, chigüiro y venado extintos. Es probable que en esta subregión haya habido mayor actividad hídrica que en el norte de Lara, dentro de un clima mucho más húmedo que el actual, que potenció la existencia de focos lagunares y un ambiente de sabanas tanto en Carora, Quíbor y Barquisimeto como en las montañas localizadas al sur. Varias lagunas se mantuvieron activas en Quíbor, Sanare y El Tocuyo hasta hace unos 70 años, y otras fueron reportadas por los primeros exploradores europeos (Federman 1 578).
Por otro lado, entre 21.000 y 13.000 años AP el clima fue mucho más seco y con temperaturas 3°- por debajo que las actuales en las tierras bajas de Suramérica tropical, desarrollándose bajo estas condiciones una considerable extensión de la cubierta vegetal de sabana durante los glaciales. En el máximo del último glacial la línea de árboles estaba localizada más abajo que hoy, entre
1.200 y 1.500 msnm (Van der Hammen 1974).
Las fechas obtenidas sobre restos óseos de fauna extinta provenientes de los sedimentos expuestos en Quíbor --quebrada Maraquita, 10.950-10.450 AP; El Palomo, 7750±80 AP; Cerro El Palomo, 5450 AP (Tamers 1969); así como las obtenidas sobre el megaterio de La Hundicióri, 6840±1 90 a.p, Beta 21 787-- permitirían plantear que las condiciones húmedas en la subregión de Quíbor y el piedemonte andino pudieron mantener megamamíferos hacia ya entrado el Holoceno. Pero, por otro lado, es posible que haya rejuvenecimiento de las fechas por contaminación y/o amplia exposición a procesos degradantes. Como vemos, existe un gran vacío de información precisa para entender las diferencias paleoambientales entre las subregiones y las caracterizaciones particulares que sufrieron estas y las comunidades bióticas que las ocuparon durante el Pleistoceno-Holoceno.
5. DESCRIPCIÓN DE LOS SITIOS ARQUEOLÓGICOS Y SUS COMPONENTES
5.1 LOS TRES CRUCES
Se ubica al norte en el Estado Lara sobre el piedemonte sur de la sierra de Baragua, a unos 600 msnm. Los materiales colectados en superficie descansan sobre relieves monoclinales con sedimentos de origen eoceno- mioceno (González de Juana 1.980). En el lugar se manufacturaron hojas bifaciales con percusión directa- lanzada desde matrices como lascas grandes primarias y cantos naturales morfológicamente aptos, produciéndose preformas bifaciales interrumpidas y desechadas en el sitio. Además, se localizaron otros artefactos de manufactura bifacial y unifacial que permitieron un estudio aproximado sobre la definición de los útiles según su tipo y sentido del borde(s) activo(s).
Debido a las condiciones poco alteradas en que se encontraron los materiales lfticos pudimos establecer relaciones entre los espacios utilizados intrasitio y las secuencias tecnológicas utilizadas en la manufactura, uso.y descarte de instrumentos en trato de madera, fibra vegetal y posiblemente cuero, para finalmente establecer:
(1) conjuntos de espacios definidos como áreas de actividad individuales y muftifuncionales, en las que se desarrollaron tareas integradas en secuencias ininterrumpidas para la elaboración de puntas lanceoladas bifaciales, otros artefactos lfticos, astas y enmangamiento de piezas líticas y/o material perecedero (madera-hueso); (2) aprovechamiento de desechos lfticos para su inclusión en circuftos de uso en el trabajo de materiales perecederos (madera-fibra vegetal, cuero y, quizás, consumo de carne); (3) definición del área total ocupada (6 locus) como sitio de uso muftifuncional de cantera-taller y explotación de otros recursos perecederos de uso relativamente contínuo; (4) a partir de la reconstrucción de las actividades por áreas y locus pudimos plantear la cantidad de individuos que se necesitaron para realizarlas, por lo que establecimos, que la “sumatoria de todas las áreas de actividad es equivalente a la ubicación de por lo menos 1 0 individuos” (Jaimes 1 993); y (5) la distribución de los 6 locus de unos 25 metros cuadrados cada uno en un área de 600 metros cuadrados, con características similares de uso, permite plantear que esta zona fue visitada y explotada varias veces, añadiéndose cada vez un área de trabajo, expandiéndose cada vez más el área de explotación (Jaimes 1.993)
Se localizan al noroeste de la ciudad de Carora, en el Estado Lara, unos 40 Km al sur del río Pedregal, sobre los 700 msnm. Los materiales están ubicados sobre varios glacis quebrados por pequeños cerros que dividen el sector. El área es afectada por erosión laminar eólica en verano; durante el invierno la acción violenta de lluvias esporádicas ha producido cárcavas, exponiendo los materiales en la superficie. Los análisis preliminares nos han permitido separar por lo menos dos grupos líticos morfo-tecnológicos diferentes:
(1) Primer componente joboide: está compuesto por puntas lanceoladas y foliáceas de sección bi-lenticular retocadas por presión, elaboradas sobre arenisca cuarzítica, cuarzo lechozo y chert negro, además de un reducido conjunto de artefactos unifaciales y bifaciales. Morfológicamente las puntas van desde la forma doble punta simétrica hasta piezas con adelgazamiento en el área medial mostrando un pedúnculo simulado; otras presentan un pedúnculo claro restringido. Tres piezas muestran reducción unifacial o bifacial longitudinal de la base hecha por presión, técnica poco usual en materiales joboides. Los raspadores fueron elaborados en arenisca cuarzítica sobre lascas, con percusión bifacial y/o unifacial y retoque por presión. Las raederas, cuchillos y muescas, junto a las puntas bifaciales y a la tecnomorfología, presentan las mismas características que definen el complejo El jobo en la zona del río Pedregal.
(2) Segundo componente Giosne: Está conformado por una punta fragmentada y reutilizada del tipo cola de pescado (FeIl 1) elaborada en chert negro sobre lasca, con lasqueo bifacial alterno-continuo y retoque bifacial por presión, así como acanaladura unifacial y reducción de la base por presión.
También incluye un fragmento proximal de una punta lanceolada pedunculada elaborada en chert gris-rojo sobre lasca, trabajada por lasqueo unifacial y retoque a presión bifacial-bilateral-opuesto, con acanalad ura unifacial; además, un fragmento proximal de una pequeña punta lanceolada hecha con chert rojo sobre lasca, trabajada por lasqueo y retoque unifacial a presión con base restringida
El conjunto de artefactos está elaborado sobre pequeñas lascas de diversos tipos de chert; sólo los bordes activos fueron retocados a presión. Los perforadores son los que presentan un proceso tecnológico más complejo, hasta lograr la forma final.
En este sitio también aparecieron tres pequeñas puntas triangulares pedunculadas. A pesar de la ubicación en superficie y la alta posibilidad de que muchos materiales se encuentren en posición estratigráfica, la existencia de artefactos y puntas de proyectil, enteras en su mayoría, y la ausencia de actividades de cantera-taller, me permiten plantear que, desde la perspectiva del componente joboide, que se trata de un sitio multifuncional de bajo índice de ocupación y, posiblemente, redundancia de uso por temporadas. Esta interpretación encuentra apoyo en la alta dispersión de poco material en un área aproximada de unos 1.600 metros cuadrados, que incluye materiales para R cacería, raederas, cuchillos, raspadores y perforadores, todos bien acabados. Para el componente Giosne se observa mayor cantidad y cierta homogeneidad entre los artefactos, lo que podría suponer actividades más específicas. El uso discriminatorio de la diferentes tipos de chert, la tecnomorfología observada en los materiales y sus implicaciones funcionales, me permiten diferenciar dos subsistemas tecno-económicos que operaron en la misma zona, no necesariamente contemporáneos), probablemente haciendo uso diferencial de los recursos del medio.
5.3 EL VANO
Está localizado en las estribaciones del noreste de la cordillera andina sobre la sierra de Barbacoas, a 1.200 msnm, en el lecho de una paleo-laguna. En los cortes estratigráficos que se realizaron en dos campañas (1 990- 1991) se recuperaron restos de megaterio (Eremotherium rusconni) y tres fragmentos de puntas de proyectil bifaciales del tipo El jobo, una raedera unifacial de bordes recto convexo, dos lascas con retoque marginal unifacial y una lasca sin modificaciones, un percutor y dos choppers (jaimes 1.990, 1.992a, 1.992b, 1.998). Parte del material óseo presentó diversos tipos de evidencias, tanto naturales como antrópicas, entre las que puedo mencionar incisiones cruzadas en varios sentidos, incisiones paralelas, puntos de impacto, fracturas deprimidas, fracturas escalonadas, fracturas en cuña, astillas y lascas óseas, muescas en bordes de separación de sectores de partes esqueletales y marcas de raíces. Un ejemplar presentó exfoliación de tejido compacto debido a exposición a la intemperie. La mayoría de las piezas presentó comienzos de agrietamiento del tejido compacto a lo largo del áxis, diferencias de coloración entre parte posterior y anterior de las partes esqueletales y la norma que presentaron en la excavación. Los análisis realizados permitieron establecer que el conjunto óseo se ubica, de acuerdo con la escala de Behresmayer (1 978), en las fases de conservación 0-1 (2.34%), 1 (74.41%) y 1-2 (23.25%), debido al deterioro por exposición a la intemperie post-mortem, (véase Johnson 1985; Jaimes 1.992a). Sobre la base de las evidencias encontradas (artefactos especializados, asociaciones y modificaciones sobre el material óseo) puedo decir que se cumplieron todas las fases en la obtención de proteína animal a partir de la observación, estrategia, emboscada, ataque, muerte, descueramiento, desollamiento, descuartizamiento y aprovechamiento de huesos largos del megaterio para la obtención de tejido compacto como materia prima. La ubicación de algunos artefactos y puntas de proyectil completas y fracturadas sobre pisos desnudos en los alrededores de la paleolaguna, en un radio de 20 a 1 20 metros del área excavada, podría indicarnos el carácter redundante de uso de esta zona para la cacería y la posibilidad de asentamientos temporalmente cortos con carácter semi-especializado.
Para El Vano se obtuvieron tres fechados erráticos por la falta de colágeno en las muestras analizadas. La fecha más cercana al episodio, correspondiente con la formación sedimentaria, es de 10.710±60 AP (8-95602); esta datación, en mi opinión, debe ser considerada como fecha mínima (Jaimes 1 998). El Vano presenta las primeras evidencias de cacería de megaterio en América, lo que dificulta establecer comparaciones o asociaciones con otro tipo de sitios de matanza; sin embargo las distribuciones encontradas y las reconstrucciones interpretadas han permitido conocer parte del comportamiento de los cazadores del norte de Suramérica en un sitio de cacería y descuartizamiento distinto a los ya conocidos, como Taima–taima y Muaco.
5.4 LA HUNDICIÓN
Se ubica en las montañas de Yai, al sur de la sierra de Portuguesa, a unos 900 msnm, en la vertiente noreste de la cordillera andina. El sitio es una antigua laguna remanente de otra todavía activa en la zona. En este sitio se localizaron restos de megaterio menor en la superficie del fondo de la laguna. Las asociaciones en superficie de los materiales líticos y los restos óseos fueron descartadas debido a la aparición de los materiales líticos sobre el cauce de las escorrentías. Lo que inicialmente se planteó como evidencia de quemado (Sanoja y Morganti 1 986) resultó ser meteorización por exposición post-deposicional a la intemperie (Linares 1 990). Aquí se han localizado en superficie diversos artefactos y un talán de una punta del tipo cola de pescado, así como dos preformas bifaciales, hechas sobre chert negro y roca volcánica. Las preformas se sitúan entre los pasos tecnológicos de adelgazamiento secundario y regularización inicial (Nami 1 988). Dos perforadores, un núcleo, una raedera y varias tascas pequeñas, una punta pequeña con acanaladura bifacial sobre pedúnculo de lados y base rectos con limbo redondeado por re-uso, y dos puntas fragmentadas del tipo El Jobo también fueron localizados en el fondo del sitio
El material elaborado sobre chert y roca volcánica comparte algunos elementos tecnológicos que observamos en el componente Giosne de Los Planes; las diferencias morfo-funcionales pueden deberse a las estrategias aplicadas a dos tipos diferentes de ambientes. Es posible pensar que esta laguna permitió el acceso de especies animales, lo que la convirtió en un área potencialmente explotable de “ciertos” recursos proteínicos, incluída en el circuito de operaciones como área de uso semiespecializado. La presencia de los materiales “joboides” sólo nos permite observarlos desde un punto de vista distribucional. Una vez más encontramos puntas de proyectil asociadas a medios acuíferos.
5.5 SIRABA Y CAYUDE
Están localizados al oeste, en la península de Paraguaná, Estado Falcón, sobre sedimentos eólicos de edad no calculada. Ambos fueron reportadas por Miklosh Szabadics, quien define a Siraba como una localidad muy puntual que está aflorando (Szabadicks, comunicación personal 1994) y que se compone de hojas bifaciales, puntas lanceoladas con acanaladura bifacial y unifacial, puntas lanceoladas con pedúnculo “simulado” y acanaladura bifacial, hojas bifaciales fracturadas oblicuamente; todos estos artefactos fueron elaborados sobre chert multicomponente y chert blanco que sólo se han localizado en afloramientos de vetas y cantos rodados en las inmediaciones del cerro Santa Ana. Además, en Siraba se encontraron puntas bifaciales foliáceas de sección bilenticular elaboradas en arenisca cuarcítica y cuarzo cristalino. Proyectiles del tipo cola de pescado, Jobo y Clovis han aparecido juntos en la superficie de este sitio. Cayude, un sitio mucho más amplio donde el material aparece más disperso, presenta los mismos tipos de materiales, con la excepción de las puntas “cola de pescado”. Por el momento podemos definir a Siraba como un sitio especializado, un taller de confección de pre-formas y puntas de proyectil lanceoladas de, por lo menos, dos tipos tecno-morfológicos: lanceoladas con acanaladura bifacial o unifacial y lanceoladas con pedúnculo simulado y acanaladura bifacial. El uso de la micro región parece haber sido contínuo debido a la existencia de una serie de condiciones estratégicas (costa marítima cercana, acuíferos de agua dulce, recursos faunísticos y excelente materia prima).
6. DISCUSIÓN PARA UNA APROXIMACIÓN A LOS
SISTEMAS DE ASENTAMIENTO Y ESTRATEGIAS DE
MOVILIDAD DE LOS CAZADORES-RECOLECTORES
“JOBOI DES”
La mayoría de nuestros datos proviene de sitios con materiales en superficie, tal como se ha visto. Tanto la reglón de Falcón como la de Lara han sufrido un proceso de erosión continua (erosión laminar eólica y erosión hidraúlica) que han permitido el afloramiento de los materiales (área del río Pedregal, Monte Cano, Siraba, Cayude, Los Planes, la Hundición y sectores de El Vano). En el caso de Los Tres Cruces no existe evidencia alguna, hasta ahora, de que haya existido deposición de sedimentos sobre los materiales.
Las investigaciones han carecido de la exploración de sitios con historia sedimentaria que contemple, por lo menos, el Holoceno, y, por otro lado, gracias a la buena visibilidad arqueológica que ofrece la región las exploraciones se han inclinado a la ubicación y recolección de materiales en superficie. A pesar de la amplia distribución de sitios que conservan sedimentos tempranos nunca se han llevado a cabo sondeos exploratorios. De la misma forma, no se han ubicado, ni mucho menos descrito, formaciones sedimentológicas tempranas de origen eólico. La localización de sitios con estratigrafía se ha podido realizar por (a) la existencia de actividad acuífera que se remonta al Pleistoceno y por el afloramiento de materiales de interés; y (b) por el conocimiento general que se posee para identificar sedimentos de origen lagunar y su relación con fauna extinta. En ambos casos, la presencia de restos faunísticos ha sido el móvil para excavar, con la esperanza de hallar elementos antrópicos.
En este artículo he considerado que la presencia de materiales arqueológicos, aunque se hayan encontrado en superficie, representan un uso del espacio que tiene relación con el entorno y nos permite evaluar dicha presencia como parte de los sistemas de asentamiento, así como nos proporciona información sobre las formas de asentamiento y su articulación con el uso del espacio. La distribución de los tipos funcionales de sitios y las características diferenciales entre los conjuntos arqueológicos y sus relaciones con el medio circundante como medio de explotación nos permiten aproximarnos al entendimiento de los sistemas de asentamiento y sus funcionamientos (Borrero y Lanata 1 992). El material en superficie aporta información, en tanto otorga significado al espacio en el que se encuentra. “Los sitios arqueológicos siempre fueron superficiales antes de ser modificados por la deposición sedimentaria” (Binford, comunicación personal 1 994).
Los trabajos realizados por Cruxent (1 953, 1 962, 1972) en la región de Falcón ponen de manifiesto una amplia distribución de sitios superficiales muftifuncionales en la subregión del Pedregal, donde se utilizó exclusivamente arenisca cuarcítica como materia prima, así como recursos perecederos de áreas fluviales y de áreas aledañas tanto como de los sistemas montañosos que rodean los valles. En esta subregión no se han reportado localidades con fauna extinta, lo que no implica que no hayan coexistido con los seres humanos. Esa distribución puede representar un patrón de movilidad de tipo logística generalizada (Binford 1 980; Dillehay j. 1 992), con bajo índice en el uso de sitios unifuncionales o especializados y sin cambios sustanciales estratégicos entre los diferentes ciclos estacionales, a pesar de que existen diversas áreas de ocupación y de que la región muestra una diversidad altitudinal y de recursos poco homogéneos durante todo el año (aunque sin ser dispersos) y de que sólo algunos pocos sitios parecen ser especializados; además, hay que tener en cuenta el fácil acceso a materias primas y a recursos durante todo el año y la ausencia de recursos críticos en la región.
Durante los períodos de lluvia los recursos faunísticos menores tienden a dispersarse debido a la amplía ubicación de agua; de igual forma se dificulta la pesca, lo que incrementaría la explotación de megafauna y/o el consumo de carne conservada. El uso de la conservación de recursos proteínicos de origen animal dependería de su fácil acceso durante la temporada de lluvias, cuando sólo sería posible a partir de la cacería de megahervíboros debido, en parte, a su fácil visualización a distancia. Podríamos pensar que el incremento en el uso de la conservación de carne puede depender de la densidad de las poblaciones animales durante las lluvias y la capacidad de acceso que puedan tener los cazadores. Desde este punto de vista, creo que hay incorporar Muaco, TalmaTaima y Cucuruchú al grupo de sitios especializados de cacería.
El sitio superficial de Monte Cano, en la península de Paraguaná, es un sitio multifuncional cantera-taller y de producción de objetos perecederos; aquí la materia prima es exclusivamente cuarzo lechozo (Rodríguez 1 985). Este sitio amplía el área de movilidad de los grupos joboides hacia el norte de la región, adentrados en la península de Paraguaná (Mapa 1). Si consideramos que la dispersión de artefactos asociados tecno-morfológicamente a “jobo” cubre un área de unos 40.000 kilómetros cuadrados en las regiones Falcón-Lara, podemos pensar que se trata de varias bandas ocupando y explotando diversos eco-nichos y diversas materias primas, pero manteniendo conceptos tecnomorfológicos comunes a todas ellas a nivel lítico. Por su parte, una consideración de los sitios de Lara indica que Los Planes de Giosne fue un sitio multifuncional de recurrencias cortas, mientras El Vano fue un sitio semispecializado con redundancia en el uso y La Hundición un sitio especializado (?). Estas distribución pude ser producto de un proceso de escisión de bandas.
Para tratar este último punto debemos remitirnos al mismo comienzo del poblamiento de Suramérica, partiendo del supuesto de que los primeros colonizadores que llegarán al sur poseían un sistema tecnológico adaptado a las tierras bajas panameñas, probablemente flexible y sencillo (Bryan 1 973) y capaz de asumir otros medios diferentes como el área caribeña colombiana y, lo más probable, con adaptaciones generalizadas sin preferencias ambientales marcadas (Borrero 1 983). La adaptación a nuevos medios y la explotación de nuevos recursos desconocidos, sobre todo vegetales, debió llevar más tiempo que la explotación de animales de gran tamaño, más fáciles de observar y emboscar que la fauna gregaria y que, además, proveían grandes cantidades de proteína. La colonización pudo ocurrir a través de las vías fluviales, ambientes riparios y lacustres. Este proceso puede ser explicado con las siguientes fases:
Fase 1 - Exploración-observación-explotación de recursos conocidos.
Fase 2- Observación-experimentación-inclusión de nuevos recursos-explotación intensiva de recolección por zona- menor tensión económica-conocimiento de la estacionalidad de los recursos recolectados-dispersión de fauna menor durante la época de lluvias-escasez de megafauna-escisión de la banda.
Fase 3- incorporación de nuevos recursos proteínicos- incremento en la conservación-ampliación y diversidad tecnológica-defensa de los costos operacionales de grupos diferentes-intercambio-alianzas-reutilización de ciertos sitios.
Estos primeros pobladores pudieron comenzar su desarrollo local para la explotación de nuevos recursos, entre ellos la amplia variedad de megafauna, especies organizadas en manadas, y la fauna gregaria que habitaba nuestra región de estudio. Podríamos ubicar en este estadio de adaptación al complejo Las Lagunas en Falcón y al sitio Los Tres Cruces en Lara, donde observamos, de manera general, un amplio número de artefactos y grandes puntas bifaciales lanceoladas no arrojadizas que supondría un conjunto de estrategias, tanto en la manufactura como en la explotación de por lo menos los recursos faunísticos, diferente a las empleadas con los materiales joboides. Siguiendo el esquema, en la fase 2 ubicaríamos los materiales joboides, probablemente en la región central norte, en las márgenes del Pedregal y en la costa. En la fase 3 los materiales de Paraguaná y de la subregión de Lara.
Si el desarrollo del conjunto artefactual joboide refleja un desarrollo local a las condiciones internas y externas como una relación dialéctica en el grupo social y producto de una contradicción en el sistema, es probable que los antecedentes sean los grupos arqueológicos involucrados en Las Lagunas y Los Tres Cruces. Al respecto Bryan (1991) mantiene dicha sugerencia para la región, debido a la ausencia de manufactura de hojas bifaciales lanceoladas en regiones como Panamá, que ocuparon previamente en su recorrido los grupos que llegaron a Falcón y Lara. La presencia puntual, hasta el momento, de cazadores poseedores de la tradición de puntas acanaladas (lago Madden?) en Paraguaná nos hace pensar que estos grupos aprovecharon la potencialidad de recursos de la región antes de ubicarse en otras regiones más al oeste, quizás debido en parte a su “tecnología flexible”, que les permitió introducirse a la región. Su posición geográfica limitada puede estar relacionada con razones políticas, cuando ya los cazadores asociados a El jobo estaban establecidos en la región ejerciendo presión sobre estos últimos. Pero, por otro lado, no sabemos si realmente se trataba de otros grupos o de una manera diferente de tratar conceptual la tecnología otras materias primas. La presencia de puntas cola de pescado, Lago Madden y Jobo en el norte de la región permite ampliar el marco de referencia tecnológica y adaptativa en la zona. La ampliación de la distribución geográfica del tipo lago Madden, que se ha relacionado con una población paleoindia que habitó una antigua área cultural que se extendía desde la costa este de Centro América (Pearson y Bostrom 1.998) hasta el norte de Venezuela, es muy significativa. En cambio, para el caso de las puntas colas de pescado no sabemos si la referencia ancestral tiene que ver con las aparecidas en lago Madden o con el tipo FelI 1, ampliamente distribuido en Suramérica2. En principio las puntas aparecidas en Centro América presentan el pedúnculo más restringido que las clásicas del tipo FelI 1; sin embargo, estas diferencias no son suficientes para establecer relaciones certeras sobre el origen y posterior expansión de este o estos tipos tecnológicos. Es posible que el concepto tecnomorfológico cola de pescado haya sido generalizado y manejado con variantes en todo el continente suramericano, dada su amplia dispersión.
Probablemente, los nuevos grupos establecieron relaciones con los antiguos ocupantes e intercambiaron conceptos tecnológicos (como parece sugerir el componente jobo de Los Planes de Giosne) o artefactos ya confeccionados (como parecen sugerir Siraba y Cayude).
7. CONCLUSIONES
El poblamiento de América no debe ser observado como un proceso de migración sino como un lento proceso de colonización. Los cazadores-recolectores joboides no deben formar parte de la “migración” temprana hacia Suramérica; más bien, hace más de 14.000 años fueron producto de un proceso muy lento y peculiar, considerando el amplio espectro de ambientes y problemáticas que se les presentaron a lo largo del continente. Los grupos cazadores-recolectores pueden avanzar a través de las sucesivas ampliaciones de su radio de acción para la explotación de recursos, tanto de caza como de fuentes de materia prima y agua, o por escisión de las bandas debido a problemas sociales internos y/o presión externa del medio
En la misma guisa, la falta de hallazgos estratigráficos de estos materiales en el noroeste de Venezuela no me permite ir más allá que documentar su presencia en la región. Esto puede ser válido para la historia de una banda y su proceso de colonización de nuevos territorios, hasta que su condición de transhumancia se va reduciendo como consecuencia de la integración plena de su conocimiento y manejo de los recursos, de una amplia distribución de fuentes de materias primas en espacios relativamente restringidos, de un ambiente con intercalaciones de dos períodos estacionales y con relevo de los recursos explotables, del uso y de la conservación de proteína animal que pudo haberse utilizado durante el verano para la acumulación de carne y posterior consumo en la época de lluvias, cuando se hace más difícil la cacería de fauna menor. Esta estrategia es ampliamente utilizada en el noroeste de Venezuela actualmente y es reportada por los cronistas en 1 540 (Relaciones Geográficas 1 578). Estas pueden ser las razones de la limitación territorial Jobo en la región.
Ahora, vemos a los “joboides” dentro de un sistema cultural total en el que se desarrollaron los mecanismos necesarios para su integración, generando una explotación generalizada y no especializada. Si las condiciones paleo-ambientales presentaban un panorama xeromórfico, tal como lo ha planteado Ochsenius, es probable que las intercalaciones actuales de sequía entre enero y junio, de pocas lluvias entre julio y agosto y de lluvias plenas entre agosto y noviembre (500 mm), tengan su origen durante el Pleistoceno. Entonces podríamos plantear que el problema de la estacionalidad de los recursos recolectables, así como la cacería de megafauna y de fauna menor, ocuparían cierta jerarquía durante las diferentes épocas del año, a pesar de que puede existir tanto recolección como explotación de megamamíferos durante todo el año. Esto nos permite observar las estrategias tecnoeconómicas de los “joboides en un marco de explotaciones generalizadas, sin tener el rango de “estilo de vida arcaico” (Dillehay . 1 992) y sin ser cazadores especializados de megafauna, producto de una migración rápida, ni portadores de una tradición desarrollada en las planicies norteamericanas (e.g. Haynes 1966; Martin 1 973).
Por otro lado, no existe un cuerpo sólido de dtos sobre la problemática paleo-ambiental y cronológica en la región noroccidental de Venezuela, aunque parece tener algo de peso el hecho de que el medio árido y seco tuvo su desarrollo en la subregión norte durante el Pleistoceno final y que este proceso pudo influir en la formación actual del paisaje meridional larense. Esta región sirvió de asiento durante la transición entre el Pleistoceno y el Holoceno a por lo menos a tres tradiciones tecnomorfológicas diferentes: joboide, lago Madden y/o el Inga-FeIl 1 -- tradiciones de cazadores con puntas lanceoladas con/o sin acanaladura unifacial o bifacial). Esta región puede estar relacionada (a) con el desarrollo de la diversidad tecnológica que se desplazó, posteriormente, hacia el norte y el sur del continente, o (b) ser asiento del origen, interrelación e interacción entre distintas poblaciones paleoindias provenientes tanto del sur como del norte. Esta diversidad local puede estar demostrando que los primeros pobladores poseyeron la capacidad de realizar readaptaciones tecnomorfológicas flexibles al recurrir a una u otra forma y función de los proyectiles y otros artefactos; estos fueron, posteriormente, característicos de sus portadores al entrar ser adaptados a nuevas materias primas, nuevos sistemas ecológicos; en pocas palabras, a nuevos espacios.
Las limitaciones crono-estratigráficas en la mayoría de los sitios aquí mencionados dificultan la interpretación sobre la presencia temporal y sobre las relaciones intra-sitio de los conjuntos arqueológicos. De igual forma, se tienen que ampliar tanto los intereses de los laboratorios como el abordaje de otras áreas (la costa y zonas insulares, cuevas, abrigos y las zonas altas montañosas) para extender el marco de referencia histórico-adaptativo de los grupos humanos que ocuparon la región durante los finales del Pleistoceno.
AGRADECIMIENTOS
Debo agradecer, en primera instancia, a los compañeros y colegas j. j. Salazar, Lillian Arvelo, Edgar Gil y Felix G., que participaron en las amplias y candentes discusiones sobre los temas referidos al ser humano y sus dificultades. A todos los barbacoeños, quiboreños y estudiantes que salieron al campo desinteresadamente. Agradezco especialmente el gesto de Sagrario Pérez, quien con más interés y preocupación nos permitió realizar los fechados de El Vano y así obtener la primera fecha de arribo del ser humano al Estado Lara. A todos los amigos y colegas de Argentina, Colombia y USA., quienes me han permitido dialogar sobre el tema. A los espacios del Museo de Quíbor, donde reposan los materiales.
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